Una charla de Raul Villarreal

Durante años hemos escuchado que la inteligencia artificial (IA) puede hacer cosas increíbles. Nos impresiona que un programa escriba poemas, genere imágenes o converse como una persona. Pero… ¿realmente entiende lo que dice?

¿Qué es la inteligencia artificial?

Para empezar, “inteligencia” significa la capacidad de razonar, recordar y aprender. “Artificial” quiere decir que algo ha sido creado por el ser humano.
La combinación de ambas palabras —inteligencia artificial— se refiere, entonces, a sistemas diseñados para imitar ciertos procesos del pensamiento humano.

Pero la IA no nació con ChatGPT. Desde los años cincuenta se desarrollaban programas capaces de aprender y tomar decisiones simples. Cuando Amazon nos recomienda un producto o nuestro correo filtra el spam, ya estamos usando inteligencia artificial “tradicional”.

Lo nuevo —y lo que causó el boom— es la IA generativa, capaz de crear texto, imágenes o música. Sin embargo, eso no significa que “piense”.

Detrás de la magia: matemáticas y patrones

Raúl lo explica así: “La magia real está en las matemáticas”.
Los modelos de IA analizan millones de ejemplos, buscando patrones. Cuando escribimos una frase, el sistema calcula la palabra que tiene mayor probabilidad de seguir. Si un parámetro de estos modelos, llamado "temperatura", es bajo, el modelo elige la respuesta más segura; si es alto, arriesga con respuestas más creativas o inesperadas.

Es como un perico que repite lo que oye: puede decir frases completas, pero no entiende su significado. La IA funciona igual: reproduce patrones del lenguaje sin comprender el contexto.

Lo que la IA puede hacer (y lo que no)

Hoy la inteligencia artificial puede clasificar imágenes, traducir textos, resumir información, generar artículos o analizar grandes volúmenes de datos.

Sus aplicaciones ya son impresionantes, por ejemplo:

  • En medicina, ayuda a detectar tumores.

  • En astronomía, contribuye a identificar exoplanetas.

  • En ingeniería espacial, puede calcular desviaciones mínimas que evitarían una catástrofe.

Pero hay límites claros: la IA no razona, no entiende el contexto completo y, sobre todo, no asume responsabilidad por sus errores: Si algo sale mal, quien responde siempre es el ser humano.

Desmontando el humo

En los anuncios abundan frases como “AI powered” o “con tecnología de inteligencia artificial”, que prometen productos casi mágicos. Pero no todo lo que se vende como “inteligente” realmente lo es.

Un ejemplo familiar para todos nosotros son los “semáforos inteligentes” de Chihuahua. Aunque suene futurista, en realidad no lo es; y para manejar semáforos no se necesita una inteligencia artificicial generativa. Esto es un ejemplo de las exageraciones que vemos todos los días. 

Además, el uso masivo de IA plantea riesgos reales:

  • Privacidad: compartimos quiénes somos, qué hacemos y hasta nuestros gustos.
  • Dependencia: delegamos tareas básicas y dejamos de pensar por nosotros mismos.

wallE

Este último riesgo ha sido mencionado en películas como WALL-E, en donde los humanos viven tan cómodos que dejan de moverse y razonar, dejándo todo a las máquinas e inteligencia artificial. 

La inteligencia sigue siendo humana

La conclusión es clara: la inteligencia artificial debe amplificar lo humano, no reemplazarlo. El arte generado por IA, por ejemplo, puede ser hermoso, pero carece de la emoción y la intención que caracterizan al arte humano.

Al final, la IA no es magia: es el resultado de datos, matemáticas y patrones. Y aunque puede hacer cosas asombrosas, la verdadera magia sigue siendo nuestra: la creatividad, el juicio crítico y la capacidad de comprender el mundo con sentido y propósito.


Raún Villarreal es Ingeniero de Software y Maestro en inteligencia artificial; su curiosidad y preocupación social lo han llevado también a estudiar la licenciatura en Derecho. Se ha involucrado como participante y organizador del NASA Space Apps Challenge en México.

En el día a día Raul trabaja como Ingeniero de Software especializado en Inteligencia Artificial donde diseña y desarrolla sistemas multi-agente, herramientas de automatización inteligente y soluciones basadas en modelos de lenguaje avanzados.

Su interés por el espacio combina su pasión por la innovación tecnológica con la necesidad de establecer marcos legales que permitan un futuro espacial sostenible y accesible.