En un salón lleno de jóvenes curiosos, herramientas, risas nerviosas y mucha energía, una idea quedó clara desde el inicio de la charla “MechRams: Haciendo STEAM más divertido”: la robótica no se trata solo de cables, fierros y programación. Se trata de personas.

El equipo MechRams 9301, representado por Ximena Aranda, Evelyn Soto y Luis Ortiz, compartió cómo un proyecto de robótica puede convertirse en una plataforma para aprender ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas —lo que hoy conocemos como STEAM— mientras se construye comunidad y se inspira a las nuevas generaciones.

FIRST: los robots como excusa para aprender

Para entender a MechRams, primero hay que entender FIRST. Esta organización internacional nació en 1989 con una idea sencilla pero poderosa: usar la robótica como un pretexto para entusiasmar a niñas, niños y jóvenes por la ciencia y la tecnología.

Desde entonces, FIRST ha inspirado a juventudes de todo el mundo durante más de tres décadas. Las competencias no solo ponen a prueba robots, sino habilidades como el trabajo en equipo, la comunicación, la creatividad y la resolución de problemas.

MechRams forma parte de este movimiento global y ha llegado hasta donde pocos equipos escolares logran hacerlo: el Campeonato Mundial de Robótica en Houston, un evento que reúne a más de 50 mil personas de distintos países.

Tres caminos, un mismo objetivo

MechRams participa en las tres categorías principales de FIRST, cada una diseñada para una etapa distinta del desarrollo:

FLL está pensada para niñas y niños de 6 a 12 años. Se trabaja con robots pequeños sobre una mesa de juego. Es la puerta de entrada a la robótica y destaca por su ambiente lúdico y colaborativo.

FTC es el siguiente nivel. Los equipos suelen tener entre 20 y 45 integrantes y construyen robots de mayor tamaño. Aquí el costo y la complejidad aumentan, pero también el nivel de aprendizaje técnico y organizacional.

FRC es la categoría más avanzada. Los robots pueden pesar hasta 57 kilogramos, se construyen en apenas seis o siete semanas intensas y compiten en canchas del tamaño de una de basquetbol. Es la liga mayor de la robótica estudiantil.

El equipo MechRams 9301 pertenece a esta última categoría y representa al Tec de Monterrey campus Chihuahua.

Siete semanas que lo cambian todo

Durante la temporada de construcción de FRC, la rutina de los estudiantes se transforma por completo. Son semanas de trabajo intenso donde se diseña, arma y programa un robot desde cero.

Luis Ortiz y Evelyn Soto, miembros activos del equipo FRC, describen el ambiente como algo muy parecido a un deporte de alto rendimiento. Hay estrategia, presión, cansancio… pero también compañerismo y emoción.

El robot se programa para ser operado con controles tipo Xbox y, en cada torneo regional, los equipos juegan alrededor de diez partidos que determinan una tabla de clasificación. Solo los mejores avanzan al campeonato mundial.

Pascualita y los logros de un equipo joven

Cada robot tiene identidad propia. Este año, el robot de MechRams se llamó “Pascualita”, con una combinación de colores azul y rojo que lo hacía inconfundible en la cancha.

Aunque el equipo es relativamente joven, sus logros son notables. En su temporada rookie 2022–2023 obtuvieron el Judges Award. En 2023 compitieron en Monterrey y en Orange County, California, donde ganaron el Team Spirit Award.

Durante la temporada 2024–2025 fueron parte de la alianza ganadora en el regional de Monterrey, obtuvieron el Creativity Award en Laguna y regresaron al FIRST Championship en Houston. Ahí compitieron en la división Daly, quedando en el lugar 36 de 75 equipos, y destacaron entre los equipos de Prepa Tec que asistieron.

Más allá de las competencias: impacto social real

Uno de los mensajes más fuertes de la charla fue que MechRams no solo compite: también sirve.

A través del programa MechRams on Action, el equipo busca impactar directamente a la comunidad. Han impartido clases de Ciencias, Matemáticas e Inglés, comenzando con 50 alumnos y creciendo hasta 150. En estas actividades participan 57 voluntarios y el impacto acumulado supera las 350 personas.

Entre las actividades más memorables se encuentran la disección de un corazón de cerdo para aprender sobre medicina, la construcción de una lámpara de lava para explicar conceptos de química, y la creación de filtros de agua como ejercicio de ingeniería con impacto social.

También organizaron el NASA AstroCamp, un campamento de verano lleno de actividades prácticas, así como cursos de verano de tres semanas en el Museo Semilla y visitas a escuelas como el Colegio Patria.

Las trayectorias personales también hablan del impacto de FIRST. Evelyn, por ejemplo, comenzó en robótica gracias a las competencias en las que participaba su hermano en el Museo Semilla. Empezó en primero de secundaria y hoy sueña con aplicar la robótica para desarrollar prótesis para niños.

Ximena Aranda, mentora del equipo, es FIRST alumni: fue parte de tres equipos distintos antes de regresar ahora como guía. Su papel demuestra que este proyecto no termina al graduarse; acompaña a los estudiantes en su desarrollo personal y profesional.

Muchos egresados de estos equipos eligen carreras STEM y mantienen una fuerte vocación de servicio.

Construir el futuro, juntos

La misión de MechRams es clara: formar jóvenes líderes en STEM para ayudar a la comunidad y hacer la robótica accesible. Para ellos, los límites no están en la tecnología, sino en lo que creemos posible.

MechRams y TechRams funcionan como un camino continuo de crecimiento: equipos junior y senior que aseguran que el aprendizaje no se corte, sino que evolucione con cada generación.

Al final de la charla, quedó la sensación de que los robots son solo el inicio. Lo verdaderamente importante es la comunidad que se construye alrededor de ellos.

Porque cuando la ciencia se vive, se comparte… y se disfruta, el aprendizaje deja de ser una obligación y se convierte en una aventura.


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